Cuando la fortuna acompaña, aún con las manos atadas y a pesar de la lentitud del movimiento, se pueden conducir los caballos hacia el destino deseado.
La rueda se moverá gracias a la inercia que traen los perros, por momentos parecerá que se detiene, sin embargo el final de su rotación será el comienzo de un nuevo ciclo.
En este juego la progresión está alterada, al X lo sigue el XII, no el arcano XI, La Fuerza. Ella no estará para mover la manivela, no será necesaria pues la tierra sigue rotando, el tiempo pasando aunque las manos y los pies estén amarrados.
El Colgado, se recuesta, no busca romper las cuerdas, se relaja se deja llevar en el tiempo hasta la fecha esperada. Está cabeza abajo, como saliendo de nuevo al mundo, se desprende y tomará la posición de El Papa, sentado en la confianza, consciente de su autonomía mira de frente a otros seres autónomos.
El joven patas arriba, logrará posarse en su carruaje para emprender el viaje del triunfo, no sin antes lograr el desprendimiento de sí mismo.

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