En este juego hay quien lleva el fuego, quien ilumina en la confusión y quien empuja a dos que se corresponden.
Eres parte de la trilogía que muestra cada carta, eres la provocación, eres el espíritu y eres el movimiento. Eres tú quien hace que las partes se correspondan y a la vez estas dentro.
Hay correspondencia entre los cuerpos, El Diablo con el fuego de su antorcha, aviva el vínculo de un par de diablillos que pueden mostrar su deseo sin ningún pudor. Mucha candela también quema los lazos, este par se encuentran entre dos extremos, el de la serenidad de La Templanza (XIV) y el sacudón de La Torre (XVI).
Un tiempo entre los extremos genera el dilema, aunque el amor es correspondido hay ambivalencias y de allí la incertidumbre. Llega Cupido a dirimir, eres Cupido y lanzas la flecha en medio de los rayos del sol para proteger la unión, la correspondencia.
Pero llega el momento en que, quien prende la antorcha, lanza la flecha y trae la renovación es quien también hará mover la rueda. Esta rueda terminará moviéndose por inercia y seras todos los personajes de las cartas, no será necesario ser correspondida para tener amor.

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