Mírate en el Tarot

Las mañanas se despiertan con preguntas, se revela el primer juego del día. De las señales te agarras para imaginar el destino inmediato. Que los símbolos nos guíen, los que se reflejan en objetos mate y sin brillo, los que llevamos dentro, . La imagen está en tus ojos desde hace mucho. Dejo en este blog el espejo del tarot para que inventes tu juego, mírate en él, pon las cartas sobre la mesa.

Pour tes réveils pleins de questions, découvre un nouveau tirage. S'accrocher aux signes pour donner du sens au futur immédiat. Que les symboles nous guident : ceux qui se reflètent dans les objets, ceux que nous portons en nous.

Leur image est dans tes yeux depuis longtemps. Je mets dans ce blog le miroir du tarot pour que tu puisses inventer ton jeu, et, cartes sur table, te regarder dedans.

domingo, 10 de febrero de 2013

Carta sin Tarot


Retomando la búsqueda interminable del destino encontré cartas de otros, quienes en lugar de mirarlas y pedirles que les hablen, se dedicaron a dibujarlas y escribirlas ellos mismos. Ahora después  de casi una mitad de mi vida revisando el Tarot, el de Marsella, les cuento las que me acuerdo me tocaron a mí.
Creo que sí nací con estrella, l´étoile, así decía mi madre, me convenció. Desnuda, recogiendo agua, con una pierna bien sembrada en la tierra, con la otra lista para salir corriendo; llena de luz: de la de mi pueblo, caliente e inevitable y de la estas ganas mías de alumbrar, solapada pero latente.
Cuando conocí el Tarot, miré las láminas pintadas con oro, rojo y azul, todo el tiempo durante esa alargada adolescencia que viví, lo hice para reconocer el camino entre los caminos que parecían dispuestos ante mí, yo quería que me hablaran de amores y de riquezas, quería que me saliera el Chariot, triunfante y vigoroso.
Las leí en mis gozosos treinta años, para entender las pasiones innombrables que me acosaban, para revisar mi pasado quieto y sobre todo para no tener nada claro del futuro y regocijarme en mi confusión. Me ayudaron a tomar decisiones locas y equivocadas, que de todos modos cobran sentido ahora a los cuarenta. Era la Torre, la Maison dieu, compañera que sacudía los cimientos de mi edificio en reconstrucción ya. En esa época nacía un perro que me perseguiría a la pata como el del fou, el Mat; creo que para estas altura logre darle una patada, hace días que no lo veía, por ahí me parece que está rondando. En esos días pasé por todos los números, a veces salía la luna, a veces el sol y esos eran los días más felices. Siempre con las mujeres desnudas, del lado bueno, del lado malo pero siempre desprotegida, sin ropa, creyéndole a la vida y a las palabras de evaporadas de alcohol.
El mago, Le Bateleur, para empezar de nuevo y la rueda de la fortuna, me ayudaron a coger el barco más averiado para hacer una nueva y larga travesía hacia la nada, esa fue determinante, yo le creí al oasis pintado entre el Tarot, el I Ching y hasta las parábolas católicas. Se equivocaron los oráculos, o me equivoqué yo al oír la versión dulce de sus cantos. Como los perros bobos de la rueda, giré como una noria, sin gloria; porque el que mira la rueda girar es quien descubre el eje, no el que se embarca en ella.
Después de ese paso, vinieron muchas cartas, muchos números, movimientos, fines y comienzos, las sigo leyendo, volvió el día de querer escribir cartas.
Leo a otros que escriben cartas y me antojo de escribir; veo las cartas de mi recorrido, les cuento a grandes trazos como me han acompañado. Creo que amerita echarles un vistazo a las cartas del Tarot porque dan pistas, quiero regresar a leerlas para otros, así que consulten que volvieron las ganas de escribir.